martes, 30 de agosto de 2016

La fiesta de las Shavuot en el Ap. de Abraham

En el Apocalipsis de Abraham el ángel que conduce al protagonista por los cielos, Yahoel, tiene un claro aspecto sumo sacerdotal. En otra entrada veíamos también que el Yom Kippur es el contexto de fiesta predominante de este apócrifo. En esta entrada me gustaría llamar la atención sobre otra fiesta presente en este libro, el festival de las semanas, llamado también Shavuot o Pentecostés…más aún, en el tiempo de Jesús se celebraba como el festival de cuando fue dada nuestra Torah.  Las similitudes entre los motivos de esta fiesta y el Apocalipsis de Abraham son interesantes. Tanto Moisés, antes de recibir las tablas de la Ley (por segunda vez) en el Sinaí, como Abraham antes de iniciar su viaje celestial donde recibirá revelaciones, ayunan por cuarenta días (Ex 34,28). Este ayuno, en ambos casos, sucede inmediatamente después de haberse confrontado con la idolatría:  Moisés en relación al becerro de oro hecho por el pueblo, Abraham después de la batalla contra los ídolos hechos por su padre. Dios le dice a Moisés que no podrá contemplar mi rostro  y que mi rostro no ha de ser visto (Ex 33, 20.23), lo mismo que dice Yahoel a Abraham, éste no podrá ver a Dios mismo. Moisés como Abraham se postran sobre tierra cuando Dios pasa a su lado (Ex 34,8; ApAb 17).  Estos paralelismos nos hablan a las claras que la fiesta que se tiene en vista en el ApAb es el Shavout  como celebración de la recepción por parte de Moisés de las Tablas de la Ley.


Entonces, ¿cómo congeniar esto con lo dicho respecto a la fiesta del Yom kippur ? Andrei Orlov (Dark Mirrors: Azazel and Satanael in Early Jewish Demonology)  expone varios textos rabínicos de la época donde ambas fiestas se entienden de un modo unitario. Así tenemos el caso de b. Baba Batra 121ª : Uno puede bien entender porque el Yom Kippur es el día del perdón y reconciliación. Y es también el día en el cual las segundas Tablas fueron dadas. Otro ejemplo es tomado de b. Taanit 30b: R. Simeón b. Gamaliel dijo: No hubo días más felices en Israel que los del quince de Ab y el Yom Kippur. Yo puedo entender el Yom Kippur, porque es el día del perdón y la reconciliación y sobre este las segundas tablas de la Ley fueron dadas.  Y es que lo que explica estas interpretaciones es el texto de Ex 32,30 donde se dice que después del episodio del becerro de oro el pueblo se dirigió a Dios para expiar por sus pecados. Así Eliyyahu Rabbah 17 dice: Cuando Israel estaba en el desierto, ellos se confundieron a sí mismo con sus felonías, pero cuando ellos se animaron y se arrepintieron en privado…cuando todo el pueblo veía el pilar de la nube sobre la entrada de la Tienda, todos se levantaban y postraban, cada uno a la entrada de su tienda (Ex 33,8-10), entonces en la intimidad se arrepentían, cada uno en la privacidad de su tienda. Entonces, Su compasión se manifestó y les dio, a sus hijos, y a los hijos de sus hijos hasta el final de todas las generaciones, el Yom Kippur como medio para asegurar el perdón. 

domingo, 28 de agosto de 2016

Creación y Alianza: la desobediencia

Lo que pasa en el Sinaí tiene que ver con los tres conceptos fundamentales de la teologia del segundo templo: Alianza, ley, y templo. Cada uno de esos conceptos está intimamente relacionado con el otro. La ley se conoce como la ley del conocimiento y la vida (Sir 45,5), luz para el mundo y el árbol de la vida (Pseudo-Filón 11.1,15) y la sabiduría  (Sir 24,23; Bar 4,1).   En el Sinaí, al mismo tiempo, Moisés recibe las instrucciones para la construcción del tabernáculo y sus accesorios (Ex 25, 1-31,17). La construcción del tabernáculo ocurre en los capítulos 35-40. 

A pesar que se le ha dado la Ley a Israel, éste ha pecado porque ha permanecido con una mala disposición (2Esdrás  3,12-36). Esto se expresa de manera especial en el relato del becerro de oro. Este episodio subraya la naturaleza rebelde de Israel, el confiar en su propia justicia que en la de Dios (Dt 9-10). El deutoronomista comienza su relato refiriéndose a la provocación de Israel a Dios (9, 7-8) y el contraste de la infidelidad del pueblo con el sacrificio constante y responsabilidad de Moisés. Moisés asciende sin comida y sin bebida al Sinaí, mientras Israel peca delante del becerro. En el Dt Moisés se postra delante de Yave con la esperanza de salvar al pueblo (9,18, 25-29), mientras que sólo pudo salvar la vida de Aarón, y destruye el becerro (9,15-21). En el relato del Ex Moisés baja la montaña, destruye las tablas y el becerro, manda a los levitas a matar 3000 israelitas y luego retorna donde Yave para interceder por el pueblo. En ambos casos lo que vemos es la postura sumo sacerdotal de Moisés que intercede por los pecados del pueblo. Si no fuese por Moisés Dios hubiese destruido al pueblo (muerte). Como sea, el episodio del becerro advierte sobre las consecuencias  de la infidelidad del pueblo, lo mismo que el relato de Jeroboam que pone becerros para ser adorados en Dan y Bethel (1Re 12-13). El Sal 106 también apunta a las consecuencias de la desobediencia, pero también enfatiza la misericordia de Dios. Y es que el mismo Moisés delante de la Gloria de Dios en el Sinaí descubre que Éste es misericordioso, lento a la ira, lleno de amor y fidelidad, pero que sin embargo no aguanta el pecado (Ex 34, 6-7; Nm 14, 17-19; Sal 86,15;111,4; Neh 9,16-25; Miq 7,18-20). Nahum nos recuerda que si bien Dios es lento a la colera, igual puede reaccionar violentamente a la idolatría y la injusticia. Por último digamos algo sobre la tradición del becerro de oro en la literatura rabínica. En algunos textos se le describe como la raíz de todas los pecados de Israel y en parte responsable de los juicios de Dios al mundo (b. Sanedrin 102a). También los rabis subrayaron la acción de Moisés, quien se expusó a la muerte cuando se ofreció como expiación por el perdón del pueblo (Ex 32,32). Moisés, quien cargó con el pecado de tantos, intercediendo así por el pueblo (b.Sotah 14a). Para más detalles: Scott M. Langston, Blackwell Bible Commentaries Through the Centuries, p. 233-235. También veamos que la desobediencia, además de muerte, acarrea el exilio de la tierra que estaban llamados a poseer. Esto se ve en el mito del Gn. cuando Adán dejó el Jardín del Edén, el vino a la tierra de Eretz (Egipto), un lugar obscuro y desolado, donde la luz del sol no se ve nunca. Cuando entró allí un gran miedo se apoderó de él. Cualquiera sea la dirección que Adán tomaba, él encontraba la espada de fuego que no dejaba de girar en todos los sitios de Eretz. Sólo , cuando el Sábado terminaba y Adán tenía pensamientos de arrepentimiento, Dios lo tomaba fuera del Eretz y lo traía a la tierra de Adama donde finalmente encontraba paz (Zohar 1, 253b) (Tree of Soul p 438). De acuerdo a algunas tradiciones el adorar al becerro de oro fue el pecado con concecuencias más catastróficas en la historia de Israel. Y es que al aceptar la Tora Dios le había dado al pueblo supremacía sobre el Ángel de la muerte. Al adorar al becerro de oro, los israelitas habían perdido tal poder. Tal como la primera pareja había sido expulsada del Jardín, los israelitas fueron condenados a estudiar la Torá bajo el sufrimiento y bajo la esclavitud, en exilio y en medio de disturbios, en medio de los cuidados por la vida y cargas, hasta que la era mesianica llegue y los compense por todos los sufrimientos (EZ 4, 179-180; Tan B. II, 112; IV ,76) (Legends, p. 120). El pueblo no sólo adoro al becerro de oro, sino que también se hicieron 13 ídolos, uno por cada una de las 12 tribus, y uno por todo Israel. Más aún, les ofrecieron el mana con el que Dios en su bondad no les había negado en la travesía por el desierto (Tehillim 3, 37; ShR 41, 1; Yerushalmi Sanhedrin 10, 28b; WR 5, 3) (Legends p. 123).

jueves, 25 de agosto de 2016

Otros textos rabínicos sobre el Mesías sufriente

Hemos visto en otras entradas (y aquí) algunas tradiciones rabínicas que tratan sobre la idea del mesías sufriente. Me gustaría agregar otros textos. En el Talmud Babilónico encontramos un texto antiguo que se refiere al Mesías Hijo de José/Efraín (conocido sólo en este Talmud). En Sanedrin 98b se pregunta directamente cuál es el nombre del Mesías. Una de las opiniones lee de la siguiente manera: Y los rabinos dijeron, “el leproso” de la Casa del Rabí es su nombre, porque se dice: “Mirad el ha cargado nuestras enfermedades,  sufrido nuestros dolores, y nosotros lo hemos visto afligido, golpeado por Dios y torturado” (Is 53,4). Con respecto al otro texto que habla sobre los sufrimientos del Mesías tenemos que ser mucho más cuidadosos. Sólo lo conocemos de un libro polémico conocido por Testimonio del siglo XIII y escrito por un domínico y citado por Raymondo Martini, Pugio Fidei (Lipsiae, 1687). Rabi Yose Hagelili dijo: Id y aprended la alabanza del Rey Mesías y la recompensa del justo del Primer Adán. Porque a él se le dio sólo un mandamiento (no hacer esto) y él lo violó. Mirad cuántas muertes él y sus descendientes y los descendientes de sus descendientes produjeron hasta el final de todas las generaciones. Ahora, ¿cuál de todas las cualidades de Dios es más grande? ¿La cualidad de la misericordia o la cualidad de la retribución? Proclamad que la cualidad de la bondad es más grande y que la cualidad de la retribución es menor. Y el Rey Mesías ayuna y sufre por los pecadores, como está dicho: “y él se enferma por nuestros pecados etc”, y más aún y más él será el victorioso por todas las generaciones, como está dicho: “Y el Señor puso sobre él el pecado de todos”. Para más detalles: Daniel Boyarin, The Jewish Gospels, p. 153-154.

martes, 23 de agosto de 2016

Una comunidad de circuncisos y no cincuncisos

Para parte del judaísmo del siglo I los gentiles se podían salvar como tales, sin necesidad de ser parte del pueblo judío (circuncidados). Pablo, claramente es parte de este grupo. Para otros grupos, el gentil que ha llegado a creer en Cristo tiene que ser parte del pueblo de Israel para ser salvado. Esta posición era defendida incluso por algunos gentiles que querían ser parte integral de la comunidad judía. Para Pablo si un gentil se circuncida y pasa a ser judío, entonces tiene que cumplir la ley y así se complican las relaciones intercomunitarias (¿nos podemos sentar a la mesa judíos y gentiles? ¿nos podemos casar? ¿podemos orar las mismas oraciones?):  todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la ley (Gal 5,3) ¿Pero qué pasa con los judíos que han aceptado al Mesías? Aquí la cuestión se complica. La idea que tiene Pablo sobre la Ley es complicada y contradictoria. Una cosa parece clara, es que Jesús resucitado puede salvar con prescindencia de la Ley (sea que la califiquemos positivamente o no). Pero si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros hemos sido hallados pecadores, ¿es Cristo, entonces, ministro de pecado? ¡De ningún modo! Porque si yo reedifico lo que en otro tiempo destruí, yo mismo resulto transgresor. (Gal 2,17-18). Más adelante dice: "Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor. (Gal 5,6). Lo que pasa es que en otros textos es mucho más condescendientes con aquellos cristianos "débiles" que quieren guardar la ley en relación a la carne ofrecida a los ídolos. Así en este y otros textos Pablo parece condescendiente respecto a la Ley: según el Señor ha asignado a cada uno, según Dios llamó a cada cual, así ande. Y esto ordeno en todas las iglesias.¿Fue llamado alguno ya circuncidado? Quédese circuncidado. ¿Fue llamado alguno estando incircuncidado? No se circuncide. La circuncisión nada es, y nada es la incircuncisión, sino el guardar los mandamientos de Dios.Cada uno permanezca en la condición en que fue llamado. (1Co 7,17-20). Pablo es un verdadero fariseo, el criterio final parece ser siempre el bien y la sobrevivencia de la comunidad. La relación complicada con la Ley implica que el apóstol la reconoce como un sistema completo de salvación que responde a las promesas de Dios (Gal 3, 21-29), pero aún así responde más bien a un período de instrucción porque simplemente la Ley no puede resucitar a nadie. Jesús no sólo ha resucitado de la muerte, sino que la fe en Cristo ha resucitado a Pablo de la muerte.  

sábado, 20 de agosto de 2016

El ideario mesiánico de Macabeos y Jesús

Hay en los evangelios sinópticos, en su manera de presentar el ideario de Jesús, y su proclamación del Reino de Dios, algo que refleja el ideal mesiánico presente en el Primer y segundo libro de Macabeos, la familia de los hombres destinados a salvar a Israel (1Mac 5,62). De especial importancia son dos textos que exaltan a  sus líderes: 1Mac 3,3-9 en relación a Judas,  y 1Mac 14-4-15 en relación a Simón. Judas Macabeo es definido como un león en sus hazañas, un cachorro que ruge por la presa (1Mac 3,4), claras reminiscencias mesiánicas de carácter real cuyos orígenes se remontan a dos textos veterotestamentarios. El primero es Os 5,14 que describe al redentor de Israel como león para Efraín, y como leoncillo para la casa de Judá. Yo, yo mismo, desgarraré y me iré, arrebataré y no habrá quien libre. El segundo es Gn 49,9 que se refiere a la descripción del nombre de Judá: Cachorro de león es Judá; de la presa, hijo mío, has subido. Se agazapa, se echa como león, o como leona. En este sentido Judas Macabeo emerge como un héroe de proporciones bíblicas, de fuertes ecos mesiánicos (davídicos), quien está llamado a restaurar y extender la gloria de su pueblo (1Mac 3,3). Pero además de celebrar a Judás Macabeo, el 1Mac también exalta a Simón llegando a reconocer que buscó siempre el bienestar de su pueblo, que aprobó siempre su gobierno y su magnificencia (1Mac 14,4), haciendo referencia al legendario rey Salomón (1Re 5,4). Fijémonos que la descripción del reinado de Simón tiene claras reminiscencias  escatológicas tomadas de Zac 8,4; Ez 34, 27; y  Miq 4,4. El texto se lee de la siguiente manera: La gente cultivaba en paz sus campos,  la tierra daba sus cosechas y los árboles de la llanura sus frutos. Los ancianos se sentaban en las plazas  hablando todos del bienestar reinante, y los mozos vistieron gloriosos uniformes militares… su renombre llegó a los confines de la tierra. Hizo obra de paz en el país, e Israel se llenó de inmenso gozo (1Mac 14, 8-11). Todas estas reminiscencias se celebraban en la fiesta del Hanukkah o fiesta de la dedicación (2Mac 1,9; 2,16-18; Jn 10,22), posibilando que esta imaginario se mantenga en el colectivo. 

martes, 16 de agosto de 2016

La Salvación de los Gentiles en la Alianza Noética

Hay ramas en el judaísmo rabínico que aceptan que algunos gentiles puedan ser salvados como gentiles, en cambio para los que se convierten al judaísmo tienen que vivir bajo la ley. Para las comunidades judías que creían en el Mesías Jesús esta distinción aparece como muy lógica: los judíos que creen en Jesús siguen observando la Ley, los gentiles no la necesitan. Ahora bien, si vamos a la situación más concreta, por ejemplo un fariseo que acepta a Jesús como Mesías, y se hace parte de una comunidad donde la mayoría son gentiles: ¿se sentaría a la misma mesa  con ellos? ¿Se puede casar con una de ellas? ¿Tendría que abstenerse de sus dietas especiales para compartir los alimentos? ¿Observarían juntos el Sábado? Y es que la Ley, no lo olvidemos, marca la identidad judía en la sociedad. Marca las fronteras de la comunidad judía en relación al resto. El problema no estaba en cómo los gentiles podían ser salvados, sino cómo se podría comer con ellos y casarse con ellos. Y es que la salvación de los gentiles era parte del proyecto de Dios y los judíos rabínicos bien lo sabían. Por ejemplo, los mandamientos noéticos estaban destinados a toda la humanidad. Los rabis asumían que la alianza con Noé también asumía mandamientos definidos como justos y humanos (b. Sanedrin 56b) que cumplían la función de la ley natural que cualquier persona sujeta a la razón podría seguir. En un midrás rabínico se incluye en esta alianza el monoteísmo, el no matar, organizar cortes y promulgar justicia, no al adulterio, al robo, a la blasfemia, evitar el comer la carne de criaturas vivas y el reconocimiento del Señor, Dios de Israel, como el único y verdadero Dios (Lv 17-26). Esta interpretación data del siglo III. ¿Cómo se vivían estas obligaciones en el siglo I? No tenemos muchas referencias. Por ejemplo, en Jubileos (7,20-21), y en un contexto polémico contra cualquier salvación del gentil, dice que los mandamientos noéticos son universales e implican establecer justicia, evitar el insesto, honrar a los padres, amar al prójimo, prohibir el adulterio, la promiscuidad y la impureza. En Hch 15,20.29. y 21,25 se establece ciertas obligaciones para los gentiles en el decreto apostólico. Había que abstenerse de comer la carne sacrificada a los ídolos, de la sangre de la carne, o de la carne que no haya sido cortada con el ritual adecuado, de animales estrangulados y asesinados, de matrimonios prohíbidos, incensto y de actitudes sexuales indecorosas. Como sea, tanto los rabis como los cristianos usaron las leyes noéticas de manera positiva, para darles una posibilidad a los gentiles de compartir una porción en el mundo venidero. El contexto es el mismo, comunidades donde los gentiles y los judíos conviven. En el Oráculos Sibilinos  4, 24-39 leemos: 24 Felices serán sobre la tierra aquellos hombres 25 que demuestren su amor al gran Dios con bendiciones 26 antes de comer y de beber, confiados en sus actos de piedad. Ellos se negarán a ver toda clase de templos 28 y altares, edificaciones sin sentido de piedras mudas, 29 mancilladas por la sangre de animales y por los sacrificios 30 de cuadrúpedos; dirigirán su mirada hacia la gran gloria del único Dios, sin haber cometido crimen insensato, 32 ni haber vendido ganancia obtenida en el robo, lo más estremecedor que existe, 33 y sin tener naturalmente deseo vergonzoso por lecho ajeno, 34 ni impetuosidad odiosa y lamentable hacia un varón. 35 Su carácter, piedad y costumbres, 36 nunca otros hombres los imitarán, pues su aspiración será la desvergüenza. 5l Pero los necios,
dirigiéndoles los resoplidos de su mofa y su risa 38 con insensateces, intentarán atribuirles cuantos malévolos y perversos actos cometan ellos.

sábado, 13 de agosto de 2016

Ser Judío...cuestión de circuncisión

Ya en el siglo I el convertirse en  judío también era una cuestión de asumir otras costumbres. Era análogo a llegar a ser heleno como Isocrates explica: Nuestra ciudad [Atenas] ha sobrepasado tanto a otros hombres en pensamiento y oratoria que sus estudiantes han llegado a ser maestros de otros, y ella ha hecho el nombre de los griegos más que una raza o etnia, sino un pensamiento, de tal forma que todos aquellos que comparten nuestra educación, más que aquellos que comparten nuestra naturaleza común, pueden ser llamados helenos (Panegyricus 50). De igual forma que un bárbaro podía llegar a convertirse en un heleno hablando griego y adoptando una manera de vivir griega, un gentil podía considerarse en algún sentido judío a través de la adoración del Dios de Israel y adoptando una manera de vivir judía. Algo parecido está detrás de la afirmación de Josefo al final del siglo I de que la constitución establecida por Moisés no sólo fue el génesis de una nación, sino el nacimiento de una manera de vida (CAp 2, 210).  En el siglo I uno podía ser macedonio y heleno, sirio y heleno, capadocio y heleno. Del mismo modo la conversión al judaísmo emergió como un adoptar ciertas costumbres y creencias. De hecho Josefo admite que costumbres judía se encontraban muy extendidas entre la población gentil de ciertas ciudades griegas. Es el caso del descanso sabático o el abstenerse de comer cerdo (CAp I, 162-167). Lo mismo confiesa Seneca (M. Stern, Autores n. 186). A los ojos externos el practicar esas costumbres ponía al gentil en la frontera del ser judío o gentil. Más aún, el ser judío, aunque en su sentido más estricto conservó como condición sinequanon la circuncisión y siempre fue en primer lugar un asunto étnico, fue adoptando cualidades más y más universales. De allí que Pablo le diga a los gentiles que el ser judío verdaderamente es una cualidad interior (Rm 2, 28-29). Filón dice que el prosélito es quien ha circuncidado sus deseos y placeres sensuales. En la novela José y Aseneth la joven, módelo de prosélito, ha destruido sus ídolos, ha renunciado al politeísmo y ha reconocido al Dios verdadero para servirle como sierva (9,2; 10,13-14). Ahora bien, como hemos dicho en otra entrada, estas condiciones no significan que la persona sea parte de la comunidad judía en estricto rigor. La circuncisión siguió siendo el factor decisivo. Para ser más precisos no bastaba el practicar las leyes judías o adherir al Dios de los judíos, también era necesario incorporarse a la comunidad judía, esto es, a través de la circuncisión. En ese sentido, para Josefo, por ejemplo, el adoptar las costumbres judías es lo mismo que ser circuncidado (Vita 113 y 149). Para San Pablo el ser circuncidado también significaba incorporarse a la comunidad judía. En sus cartas esta es una idea que subyace todos sus argumentos en relación a los gentiles que aceptan a Jesús como Mesías. Para más detalles: The Beginnings of Jewishness: Boundaries, Varieties, Uncertainties p. 1491-1959.

viernes, 12 de agosto de 2016

Ser judío...cuestión de fe a partir del siglo I a.c.

Uno de los cambios más interesantes que se da en el uso del término judío en el segundo siglo a.c. radica en que no se refiriría solamente a un pueblo étnico o geográficamente definidos, sino a todo aquel, con indepedencia de su background, que ha llegado a creer en el Dios de los judíos (sentido religioso) o que es ciudadano de un estado que se ha aliado con los judíos (sentido político). El término Ioudaios es explicado por Josefo teniendo tres significados principales (A.J. II.173): uno es judío en función a su nacimiento y/o geografía; en función de su religión o cultura; en función a si es ciudadano o aliado del estado judío. Este cambio se va viendo, por ejemplo, en 2Mac 6,1 y 6,6 donde el confesarse judío implica más que la circuncisión o el observar leyes ancestrales. De acuerdo a 6,1 la ley de los judíos viene de Dios, lo que implica que ser judío es también creer en el Dios de los judíos, el único y verdadero Dios, el creador del cielo y la tierra.  De acuerdo a 6,6 el ser judío implica seguir las costumbres de estos. Más significativo es 2Mac  9,17 donde un arrepéntido Antioco promete hacerse judío y proclamar el poder de Dios. Aquí claramente el ser judío ya no es sólo una categoría étnica, sino religiosa. Este es el primer texto que da testimonio de este cambio de significado. Entre los textos griegos, a su vez, hasta el primer siglo a.c. Ioudaios siempre tiene un significado étnico-geográfico. Es el caso de Hecataeus de Abdera (n.II par.2); Manetho (n. 19 par. 90 y n. 21 par.228); Hermippus (nos. 25,26); Mnaseas (n. 28); Agatharchides (n. 30); Polybius (n. 32); Laetus (n. 39) etc. Incluso cuando los autores latinos y griegos se refieren a los ioudaios de la diaspora, lo hacen en términos de aquellos que pertenecen a una etnia. Una definición étnica de ioudaios lo convierte en un término estático, infranqueable. Una persona no egipcia no puede convertirse en esa época en un egipcio. Una persona no siria no puede convertirse en un sirio. Lo mismo un no judío no podía llegar a ser un judío. Podía ser un simpatizante, pero nunca un judío propiamente tal. Y esto es precisamente lo que encontramos una y otra vez en la Biblia. Cuando los judíos atacaban y conquistaban una ciudad o nación los destruían, no los incorporaban o convertían al judaísmo. A los cananeos o a los filisteos se les mata o se les obliga a pagar tributos, no se los convierte. Incluso extranjeros simpatizantes como Zelek el amonita o Uría el hitita, nunca se convierten (no se les pasa por la cabeza), nunca son considerados judíos. Textos como Is 56 dan a entender que los extranjeros que se sienten unidos a Israel en este tiempo pre-escatológico son excluídos del culto del templo. La estructura tribal, el mito de un ansestro común, y la relación entre Dios, nación y tierra, todo conspira contra la idea de llegar a ser judíos por conversión. Los gentiles podría bendecir al Dios de Israel, ofrecer sacrificios por Él, estar impresionados por su poder y milagros, reconocerlo incluso como el más grande entre los dioses, pero esto no hacía que llegasen a ser judíos. Por lo tanto el texto de 2Mac 9,17 es realmente importante porque implica el cambio a un entendimiento de este término en un modo religioso. En otras palabras, implica que una persona puede llegar a ser judío cambiando sus creencias y prácticas. Este entendimiento del término Ioudaios se comenzará a adoptar también en la literatura griega y romana de finales del siglo I a.c. donde, si bien sigue teniendo un significado étnico-geográfico, comienza también a referirse a la adhesión a una determinada religión.  

Ahora bien, para entender esta transición también debemos constatar que en el tiempo de los hasmoneos, y bajo influencia de la cultura helénica, naciones más pequeñas que hacían alianza con Judea adoptaban la definición de Ioudaios.  Un ejemplo clásico es el de los idumeos, quienes de acuerdo a Josefo en la A.J (13, 257-258), adhirieon al estado judío aunque no todos voluntariamente. Los idumeos se vieron bajo la disyuntiva de adherir a un estado más fuerte (el de los judíos Hasmoneos) o rebelarse con una gran probabilidad de salir derrotados. El adherir a la confederación judía les garantizaba el continuar viviendo en sus tierras con la condición de aceptar la circuncisión y la obligación de vivir de acuerdo a la ley judía. Los idumeos, y luego los itureos, aceptaron esta incorporación en los días de Alejandro Janeo (83 a.c), ejemplo que no fue seguido por los habitantes de Pella que fueron exiliados y luego su ciudad destruida. Las fuentes son disimiles en relación a cuan voluntaria fue la adhesión de los idumeos o itureanos a la confederación judía (Strabo dice que fue voluntaria; Ptolomeo, obligatoria; Josefo, fifty fifty), pero lo que es claro es que llegaron a ser ioudaios en términos políticos, y en ese sentido observantes de la ley judía. Esta adhesión al judaísmo guarda una fuerte influencia griega. Recordemos que en las ciudades-estados griegas la ciudadania se entiende como un concepto movible, independiente de la cualidad étnica de los sujeto, y dependiente de las alianza que estos establecen con otras ciudades-estados más fuertes. Uniéndose a los judíos, los idumeos y los itureos perdían su ciudadania, sus costumbres y su nombre (ahora son judíos), lo mismo que los poloponesos y los Sicioanos lo hicieron cuando se unieron a la ligar Aquea. Pero pasaban a ser parte de una liga, la judía, mucho más fuerte para enfrentar a sus enemigos. Para más detalles:  The Beginnings of Jewishness: Boundaries, varieties, uncertainties, 1209- 1491

martes, 9 de agosto de 2016

La distinción entre gentiles e Israel en Rm

Cuando Sn. Pablo habla que todo Israel se salvará (Rm11, 26) implica la reunión de todo Israel, las doce tribus. Lo que late es la teología de la restauración, en primer lugar las tribus de israel, luego los gentiles. Y es que Dios es el autor de todas las naciones (Sal 85,9), del modo como Abraham es su padre (Gn 17, 5; Rm 4,16). Las naciones no se confundiría con Israel, sino que se reunirían con el pueblo de Dios, Israel (Rm 15 10; Dt 32, 43): Pueblos extranjeros, alégrense junto con su pueblo. Cuando se reúnan lo harán en Jerusalén, específicamente, en el templo (Is 19,24; Ez 5,5; Rm 11,26). Para Pablo, los gentiles se han bautizado en Cristo a través de su muerte y resurrección, inaugurando una hermandad en el Espíritu. Ellos han llegado a ser hermanos por adopción, distinguiéndose de los judíos quienes son el pueblo de acuerdo a la carne (kata sarka), esto la circuncisión. La unión entre gentiles y judíos se realiza de acuerdo al espíritu (kata pneuma), a través del espíritu de Cristo o de Dios. Por lo tanto, Pablo reserva la distinción kata pneuma y kata sarka. Ambos adorarán a Dios, como una familia, pero permaneciendo diferentes: gentiles y judíos. Ambos, a través del espíritu, podrán llamar a Dios Abba (Gal 4,6; Rm 8,15). El Israel escatológico permanecerá distinto a los gentiles. Pueblos extranjeros, alégrense junto con su pueblo. 15,11: Y de nuevo: Alaben al Señor todas las gentes, que todos los pueblos lo glorifiquen. 15,12: Isaías, por su parte, dice: Aparecerá el brote de Jesé, se levantará a gobernar las naciones: y todos los pueblos pondrán en él su esperanza (Rm 15, 10-12). P. Fredriksen, "The Question of Worship: Gods, Pagans, and the Redemption of Israel", p.197-198. Parece que Pablo, el fariseo, adhiere a visiones escatológicas como las de Zac 2,15-16: 2,15: Aquel día se incorporarán al Señor muchos pueblos y serán pueblo mío; habitaré en medio de ti, y sabrás que el Señor Todopoderoso me ha enviado a ti. 2,16: El Señor tomará a Judá como herencia suya en la tierra santa y volverá a elegir a Jerusalén. Is 56,6-8:  56,6: A los extranjeros que se hayan unido al Señor, para servirlo, para amar al Señor y ser sus servidores, que guarden el sábado sin profanarlo y perseveren en mi alianza, 56,7: los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y a mi casa la llamarán todos los pueblos Casa de Oración. 56,8: Oráculo del Señor, que reúne a los dispersos de Israel, y reunirá otros a los ya reunidos. (Y otros: Is 2,3ss; Mic 4,2; Ez 6,21). En estos ejemplos, vemos que las naciones no se perciben como parte de Israel, sino que adoran a Dios como gentiles porque el templo es ahora casa de oración para todas las naciones (Is 56,7). Y es que ser judío tiene una clara ventaja, fueron confiados con los oráculos de Dios (Rm 3,2); a ellos pertenecen la adopción, las alianzas, el don de la Ley, la adoración y las promesas (Rm 9,4); han sido llamados a la existencia a través de la Alianza y los regalos y el llamado de Dios son irrevocables (Rm 11,19).